Los obispos católicos están conscientes de la problemática que representa el fenómeno migratorio para la iglesia de hoy.

Misa de apertura del Congreso sobre Migración en Washington, D.C.
Foto del Servicio Católico de Noticias.
WASHINGTON DC (CNS)– Dos cardenales católicos calificaron la actual situación migratoria de los Estados Unidos como “una crisis terrible” y “un momento aciago en la historia de nuestra nación” durante las ponencias del pasado 29 de julio, la misa de apertura y la sesión plenaria de la Conferencia Nacional sobre Migración de 2008, que tuvo lugar en Washington D.C.
Ambos, el Cardenal Theodore E. McCarrick, arzobispo retirado de Washington, y el Cardenal Roger M. Mahony de Los Angeles, instaron a los participantes a mantener su esperanza en su trabajo con los inmigrantes en las agencias locales y nacionales de la iglesia.
La conferencia que se realizó entre el 28 y el 31 de julio, fue atendida por más de 850 personas y fue patrocinada por la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos, la Red de Inmigración Legal Católica, Caridades Católicas de los Estados Unidos y los Servicios de Ayuda Católicos. La mayor parte de la agenda se desarrolló en torno al tema: “Renovando la Esperanza, Buscando Justicia”, pues refleja la lucha de aquellos que trabajan con los inmigrantes.
Varios talleres de trabajo fueron programados para analizar temas: “Cómo responder a las redadas federales”, “Identificación y apoyo de los sobrevivientes de eventos traumáticos”, “Una respuesta católica al tráfico humano” y “Retos ante la crianza de hijos, desde la perspectiva de los inmigrantes africanos”.
Igualmente se realizaron varias sesiones de trabajo, con talleres para tratar asuntos legales incluyendo temas de actualidad, como por ejemplo, las “Leyes de inmigración y los crímenes”, “Estrategias para recaudar fondos” y “Llevar a las iglesias el mensaje de la realidad del tema migratorio”.
“Yo veo nuestro reto en la forma de transmitir el mensaje del Evangelio, las palabras de los padres, las enseñanzas de la iglesia, y la profunda convicción de nuestra historia nacional, porque el corazón real de América no ha cambiado y su buena disposición para corregir algo errado no ha fallado. Esta situación sólo necesita coraje continuo, seguridad inquebrantable en la bondad de la gente y la confianza en el amor de Dios por los pobres y los extranjeros”, dijo el Cardenal McCarrick en su homilía del 28 de julio.
Sacada de la lectura del Evangelio sobre la parábola de la semilla de mostaza, el Cardenal McCarrick dijo que la historia está llena de optimismo “que el reino del cielo en sí mismo, puede ser sembrado en los corazones de los hombres como una semilla”. La siembra de semillas es un tema constante en las parábolas de Jesús, él anotó, con una lección importante, de que la semilla es la palabra de Dios.
El cardenal dijo que la lección “con frecuencia se pierde debido a la dureza del corazón de los hombres, la timidez de sus creencias y las tentaciones del mundo, las cuales algunas veces los llevan a tomar posiciones políticas que ellos saben desde su corazón que son erradas, pues no están de acuerdo con la providencia amorosa de Dios”.
Él dijo que la parábola también tiene un mensaje y es el de “continuar sembrando la semilla, a pesar de que esta siembra pueda ser difícil y ser un reto el logro de un resultado exitoso. Continúe sembrando, continúe sembrando, con la confianza de que la providencia de Dios proveerá el buen terreno. No se dé por vencido. Su semilla va a alcanzar el fruto al final, porque si usted se detiene la gente va a perecer”.
El Cardenal Mahony habló directamente del fracaso del Congreso al presentar la Reforma integral del tema migratorio y las normas de la ley federal que han llevado a “la separación de las familias, el abuso y la elaboración de perfiles de ciudadanos de los Estados Unidos que distinguen a los residentes legales, además del uso de la fuerza para la detención y las muertes trágicas en el desierto de los Estados Unidos”.
La reciente política nacional de deportación tiene la meta de crear “una atmósfera tan peligrosa y poco acogedora, que los inmigrantes y sus familias dejan los Estados Unidos porque no tienen otra posibilidad”, dijo el Cardenal Mahony. “Está llevado a crear temor entre las comunidades de inmigrantes y una atmósfera hostil, lo que ha encendido la llama de la intolerancia, la xenofobia y a veces, el fanatismo”, reiteró el Cardenal.
“Esta política nacional está condenada al fracaso porque subestima el espíritu humano, el espíritu de esperanza, que nosotros celebramos en esta reunión”, dijo.
El acto real de migración es de esperanza, dijo, porque se basa en la creencia de una vida mejor que es posible para el emigrante y su familia.
Él animó a todos los que asistieron a la Conferencia a considerar el llamado de esperanza expresado por el Papa Benedicto XVI en su encíclica “Spe Salvi”. La esperanza “nos da el coraje de llegar a estar del lado de quienes sufren, incluso en situaciones que parecen sin esperanza, conscientes de que a pesar de todo en el curso de la historia, el poder del pecado continuará siendo una terrible realidad”.
El Cardenal Mahony dijo que, “ a pesar de los ataques a nuestra posición y aquellos a quienes servimos, nosotros no debemos perder la fe en lo relacionado con lo que es correcto y nuestra causa encaminada al servicio de nuestros hermanos y hermanas inmigrantes. La iglesia debe permanecer como una voz profética en un espacio que es cada vez más hostil, defendiendo los mandamientos de Cristo, los cuales hablan de dar la bienvenida al extranjero”.
Él Cardenal esbozó algunas sugerencias para la iglesia encaminadas a trabajar para cambiar la actual situación, incluyendo la continua acción para alcanzar y apoyar a los inmigrantes.
También insistió en hacer que los candidatos oficiales electos, sean responsables y tengan calidad humana en el momento de aproximarse a los inmigrantes; cambiando las actitudes hacia los migrantes por medio de la educación; y trabajando para reformar las leyes migratorias.
“Aun cuando nosotros estamos obligados a respetar nuestras leyes y a no violarlas, también estamos obligados a corregir las leyes injustas”, dijo el Cardenal Mahony.
“Los términos ‘estado de derecho’ y ‘seguridad nacional’ no deberían ser utilizados para justificar los tratamientos inhumanos, con mano dura en contra de los inmigrantes, refugiados y quienes buscan asilo. Mientras nosotros reconocemos el derecho y la necesidad de nuestro gobierno de hacer cumplir las leyes, nosotros debemos ayudar a recordar a nuestros compatriotas americanos que las leyes hechas por el hombre no deben permitir la violación de las leyes de Dios”.
Igualmente, durante la conferencia se leyó una carta de bienvenida del Cardenal Renato Martino, presidente del Consejo Pontifico para los Migrantes y los Viajeros, la cual fue leída por el Arzobispo Agostino Marchetto, Secretario del Consejo.
El Cardenal Martino dijo que el enfoque hacia las dificultades del tema migratorio debería ser intercultural, ecuménico e interreligioso.
Él dijo que la acción política debería ser integral y “no volver el tema migratorio un chivo expiatorio de otros asuntos sociales cruciales, ni una amenaza para la seguridad y la estabilidad”.
La base de las acciones de la iglesia en favor de los inmigrantes es “la afirmación de que todas las personas son iguales, más allá de las diferencias derivadas del origen, el idioma y la cultura”, dijo el Cardenal Martino.
El enfoque de la iglesia, “afirma el papel central y sagrado del carácter del ser humano, independientemente de su estatus legal regular o irregular. La iglesia está más del lado de que la dimensión ético-religiosa de la migración es el camino seguro para alcanzar las metas del valor humano y cultural”.
Otros prelados que atendieron la conferencia fueron:el cardenal de New York Edward M.Egan; el obispo guatemalteco Alvaro Ramazzini Imeri de San Marcos; el obispo John C.Wester de Salt Lake City, presidente del Comité de Migración de los Obispos; los obispos Jaime Soto de Sacramento, California; Thomas G. Wenski de Orlando, Florida; Frank J. DeWane de Venice, Florida, y Nicholas DiMarzio de Brooklyn, N.Y.; y el obispo auxiliar Rutilio J. del Riego de San Bernardino, California.