
El Sumo Pontífice, Benedicto XVI durante la misa de clausura de la Jornada Mundial de la Juventud.
Foto del Servicio Católico de Noticias.
SYDNEY-El evento del mundo católico este mes fue la Jornada Mundial de la Juventud que se realizó en Sydney (Australia). El Papa Benedicto XVI está convencido de que la jornada traerá frutos inesperados para la evangelización.
“¡Cuántas buenas semillas se han sembrado en estos pocos días!”, confesó al reunirse el pasado 20 de julio con los bienhechores y organizadores del encuentro en la recepción que se llevó a cabo en la sala capitular de la catedral de Sydney.
El Papa, evidentemente satisfecho por estos días de evangelización, quiso encontrarse con estas personas para manifestar su agradecimiento, antes de regresar a Roma.
"Deseo daros las gracias a todos y cada uno, no sólo por los sacrificios, sino sobre todo por la confianza que habéis demostrado hacia nuestros jóvenes y por vuestra fe en la gracia de Dios que actúa en sus corazones", dijo el Papa emocionado. “Oremos para que todo lo que habéis invertido en ellos dé fruto en su vida, para la vida de la Iglesia de Cristo y para el futuro de nuestro mundo”, añadió.
“Vuestra generosidad y vuestro sacrificio han sido una contribución esencial, también a menudo escondida, para el éxito de esta Jornada Mundial de la Juventud”, aseguró. Por eso deseo que “el gozo espiritual, la satisfacción y la dicha, que todos hemos experimentado en estos días, sean una fuente inagotable de bendiciones para vuestras vidas”.
El Papa Benedicto XVI rezó para que este período de purificación que vive la Iglesia tras los escándalos provocados por abusos sexuales de sacerdotes, lleve a la reconciliación y a una mayor fidelidad al Evangelio.
Así lo confesó durante la Jornada Mundial de la Juventud, al mencionar la profunda herida que han dejado, también en estas tierras, escándalos del clero, durante la celebración eucarística que presidió para los sacerdotes, diáconos, consagrados, consagradas, seminaristas, novicios y novicias de la Arquidiócesis de Sydney.
"Queridos amigos, que esta celebración, en presencia del sucesor de Pedro, sea un momento de reedificación y de renovación de toda la Iglesia en Australia", dijo el obispo de Roma en la catedral de Santa María. El Papa quiso “reconocer la vergüenza que todos hemos sentido a causa de los abusos sexuales a menores por parte de algunos sacerdotes y religiosos de esta nación".
Según el Sumo Pontífice, “estos delitos, que constituyen una grave traición a la confianza, deben ser condenados de modo inequívoco. Han provocado gran dolor y han dañado el testimonio de la Iglesia. Os pido a todos que apoyéis y ayudéis a vuestros obispos, y que colaboréis con ellos en combatir este mal".
Por eso, aseguró que “las víctimas deben recibir compasión y asistencia, y los responsables de estos males deben ser llevados ante la justicia. Es una prioridad urgente promover un ambiente más seguro y más sano, especialmente para los jóvenes".
“Mientras la Iglesia en Australia continúa con espíritu evangélico afrontando con eficacia este serio reto pastoral, me uno a vosotros en la oración para que este tiempo de purificación traiga consigo sanación, reconciliación y una fidelidad cada vez más grande a las exigencias morales del Evangelio”, dijo el Santo Padre.
En un momento dado, el Papa dejó a un lado los papeles y confesó: "de verdad estoy profundamente mortificado por el dolor y el sufrimiento soportados por las víctimas y les aseguro que, como su Pastor, comparto su sufrimiento”.
Quienes fueron testigos de la petición de perdón de Benedicto XVI a las víctimas de abusos sexuales cometidos por sacerdotes no han ocultado su conmoción.
Por ejemplo, Lorena Portocarrero, de 25 años, laica consagrada que estuvo en la quinta fila en la catedral Santa María, cuando el Papa pronunció estas palabras, aseguró que no le quedó la menor duda de que se sentía realmente mortificado por estos actos perpetrados por otras personas.
"Se le veía realmente compungido e insistió en que comprende el dolor que ha provocado a los demás". afirmó Portocarrero, que forma parte de la Comunidad Mariana de la Reconciliación en Sydney. "Demostró mucha humildad y habló de corazón", dijo.
"Yo me sentía feliz y triste al mismo tiempo. Me siento contenta porque el jefe de la Iglesia fue capaz de pedir perdón a la gente por los abusos de los miembros de la Iglesia, que causan daño a la gente a la que deberían servir".
Misa multitudinaria
Después de una gran semana de celebraciones en Sydney, los organizadores de la Jornada Mundial (JMJ) de la Juventud confesaron su entusiasmo por la participación de más de 400 mil personas en la misa final, celebrada el pasado 20 de julio en el hipódromo de Randwick.
El director operativo de la organización, Danny Casey, declaró que JMJ de Sydney ha sido un éxito para la ciudad y para la Iglesia católica en Australia. “Ha sido espléndido ver a más de 400 mil personas reunidas con motivo de la misa del domingo”, reveló. "Ha sido seguramente la misa católica más multitudinaria de la historia de nuestro país".
A los más de 200 mil peregrinos que durmieron en el hipódromo en la vigilia de la noche precedente se les añadieron muchos otros llegados en la mañana, para participar en el acto final de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ).
Benedicto XVI espera que la XXIII Jornada Mundial de la Juventud sea un nuevo Pentecostés, una venida del Espíritu Santo sobre los jóvenes, para que anuncien Cristo resucitado al mundo, según él mismo confesó en la misa de clausura.
En la homilía final, dirigida a más de 400 mil peregrinos y dedicada a mostrar el poder del Espíritu, le siguió la lista de los 24 jóvenes que serían confirmados por el Papa: doce de cada estado australiano y otros doce del resto del mundo.
El pontífice pudo darse cuenta de la cantidad de personas reunidas en el hipódromo de Randwick, donde habían pasado la noche bajo las estrellas unos 225 mil jóvenes, al sobrevolar la explanada en helicóptero antes de la celebración eucarística.
Bajo el sol del invierno austral, el obispo de Roma dijo: “Que el fuego del amor de Dios descienda y llene vuestros corazones para uniros cada vez más al Señor y a su Iglesia y enviaros, como nueva generación de Apóstoles, a llevar a Cristo al mundo".
El Santo Padre explicó a los chicos y chicas qué es el poder del Espíritu Santo con estas palabras: “Es el poder de la vida de Dios. Es el poder del mismo Espíritu que se cernía sobre las aguas en el alba de la creación y que, en la plenitud de los tiempos, levantó a Jesús de la muerte. Es el poder que nos conduce, a nosotros y a nuestro mundo, hacia la llegada del Reino de Dios”.
Mensaje a la Juventud
Para el obispo de Roma, “en el Antiguo Testamento, Dios se reveló de modo parcial y gradual, como hacemos todos en nuestras relaciones personales. Se necesitó tiempo para que el pueblo elegido profundizase en su relación con Dios. La Alianza con Israel fue como un tiempo de hacer la corte, un largo noviazgo", dijo.
Luego, reiteró ante la juventud de católicos que seguía atenta sus palabras: "Llegó el momento definitivo, el momento del matrimonio, la realización de una nueva y eterna alianza. En ese momento María, ante el Señor, representaba a toda la humanidad".
En el mensaje del ángel, indicó, "era Dios el que brindaba una propuesta de matrimonio con la humanidad. Y en nombre nuestro, María dijo sí". El Papa invitó a quienes le escuchaban a "permanecer fieles al 'sí' con que acogimos el ofrecimiento de amistad por parte del Señor".
“Sabemos que Él nunca nos abandonará -afirmó-. Sabemos que Él nos sostendrá siempre con los dones del Espíritu. María acogió la propuesta del Señor en nombre nuestro".
Despidiéndose de los jóvenes, el Papa les dijo que al dirigirse a María podían pedirle que les “guíe en las dificultades para permanecer fieles a esa relación vital que Dios estableció con cada uno de nosotros".
“María es nuestro ejemplo y nuestra inspiración; Ella intercede por nosotros ante su Hijo, y con amor materno nos protege de los peligros", concluyó. Era claro para el Santo Padre que la realidad de los jóvenes de hoy no es fácil. Por el contrario es muy difícil.
Benedicto XVI tuvo un encuentro en la iglesia de la Universida de Notre Dame, con jóvenes que participan en una comunidad de recuperación y les envió como “embajadores de esperanza” para otros jóvenes en situaciones difíciles.
Durante el encuentro escuchó dos testimonios de ellos: vidas marcadas por el alcohol, la droga, o por la tentación del suicidio.
Samantha Gerdes, de origen filipino, descubrió tras la muerte de sus padres que había sido adoptada. Al regresar a su familia biológica, sufrió abusos de sus hermanos y malos tratos de su madre. Llegada a Australia, en plena soledad, sintió la tentación del suicidio, de la que ha salido viva gracias al encuentro con la Iglesia y la vida en comunidad.
Como ella revelaría después a los periodistas, el Papa le dirigió unas palabras personales para alentarla en su nuevo camino y sentirse orgullosa de lo que está haciendo en su vida.
El otro joven que tomó la palabra fue Andrew Holmes, quien ha dejado atrás una vida arruinada por el alcohol y la droga. “Pero hoy todo ha cambiado”, afirmó al contar su breve biografía en la experiencia de los jóvenes que forman parte del grupo de rehabilitación "Alive" (Vivo), gestionado por la Agencia de Servicios Sociales de la Arquidiócesis de Sydney.
El Papa quería con este encuentro mostrar que las Jornadas Mundiales de la Juventud son también un espacio importante para los muchachos en dificultad y escogió para este encuentro los momentos del Vía Crucis en memoria de la pasión y muerte de Jesús.
En sus palabras a los jóvenes, el Santo Padre constató que seguramente hoy se arrepienten de haber tomado elecciones que, aunque en el pasado se presentaban como atractivas, “os han llevado a un estado más profundo de miseria y abandono”.
“El abuso de las drogas o del alcohol, participar en actividades criminales o nocivas para vosotros mismos, podrían aparecer entonces como la vía de escape a una situación de dificultad o confusión”, reconoció. “Ahora sabéis que en vez de dar la vida, han traído la muerte".
Por eso, sus palabras se convirtieron en un reconocimiento al “coraje que habéis demostrado decidiendo volver al camino de la vida, precisamente como el joven de la parábola. Habéis aceptado la ayuda de los amigos o de los familiares, del personal del programa Alive, de aquellos que tanto se preocupan por vuestro bienestar y felicidad”.
Por eso aseguró que “os veo como embajadores de esperanza para otros que se encuentran en una situación similar”.
"Al hablar desde vuestra experiencia podéis convencerlos de la necesidad de elegir el camino de la vida y rechazar el camino de la muerte", afirmó, presentándoles el seguimiento de Jesús como opción de vida.
"Jesús os recibe con los brazos abiertos --subrayó--. Os ofrece su amor incondicional: la plenitud de la vida se encuentra precisamente en la profunda amistad con él".
Este camino, según el Papa, es un "programa grabado en el interior de cada persona". Implica estar dispuestos "a renunciar a nuestras preferencias para ponernos al servicio de los demás, y a dar la vida por el bien de los demás, y en primer lugar por Jesús, que nos amó y dio su vida por nosotros".
"Esto es lo que los hombres están llamados a hacer, y lo que quiere decir realmente estar 'vivo'".
El obispo de Roma concluyó sintetizando su mensaje con las palabras que miles de años antes pronunció el profeta Moisés: "elige la vida, y vivirás tú y tu descendencia amando al Señor tu Dios".
Información tomada de Zenit.