
El compromiso de Ramón Ramírez por los trabajadores campesinos lo ha guiado toda su vida.
Foto de El Centinela por Kim Nguyen.
Gracias a ellos hay comida en nuestras mesas, pero aún viven en condiciones de marginación. Son despreciados, sus derechos son pisoteados todos los días y enfrentan una ola de racismo y xenofobia en los Estados Unidos.
Es por ello que desde 1985, cuando Ramón Ramírez co-fundó la organización Pineros y Campesinos Unidos del Noroeste (PCUN) se propuso ser la voz de los trabajadores del campo, educarlos, organizarlos y luchar por una legislación que reconozca sus derechos.
Su labor le ha dado grandes satisfacciones y reconocimientos como el de la Fundación Ford que dio un premio nacional de Liderazgo por un Mundo Cambiante (Leaders for a Changing World por sus siglas en inglés). Pero también ha sido blanco de ataques violentos y amenazas de muerte que todos los días recuerda al ver una de las ventanas de su oficina, en donde se estrelló una bala cuyo objetivo era acabar con su vida y poner fin a su lucha.
Hijo de inmigrantes mexicanos, Ramón Ramírez nació en Los Ángeles, California, pero se mudó a los 16 años a Oregón en donde realizó la mayor parte de sus estudios. Fue justamente cuando estudiaba en secundaria que escuchó un discurso de César Chávez, en pleno 1971, cuando el movimiento chicano y la efervescencia política recorrían el país. “Una de las cosas que más me llamó la atención fue darme cuenta de que teníamos el poder de hacer cambios sociales y ayudar a los campesinos. Desde que lo escuché en 1971 me surgió el interés de ser un organizador campesino. Ya tengo más de 36 años en este trabajo”, recuerda.
La mayor parte de los trabajadores agrícolas en Estados Unidos y en Oregón son inmigrantes, incluso una gran parte vienen de México y son indígenas principalmente de los estados más pobres como Oaxaca o Michoacán. En Woodburn, o en el área del Willamette Valley alrededor del 70 por ciento son campesinos migrantes que vienen a trabajar en la cosecha de las moras o de las uvas, pepino, y otros productos agrícolas y enfrentan una situación difícil: con trabajo cursaron el cuarto año de educación primaria, no hablan inglés y no conocen sus derechos.
Al llegar a los Estados Unidos en busca de un salario mejor, lo que encuentran es explotación, y tienen miedo de hablar y organizarse por su condición migratoria. “Cuando empezamos a organizarlos nos damos cuenta de que tienen miedo, entonces el trabajo para nosotros es sumamente difícil”, explica Ramírez en entrevista con El Centinela.
En el área de salud, los campesinos enfrentan una brecha enorme contra el resto de los trabajadores de la nación. Por ejemplo, un campesino vive un promedio de 49 años de edad, cuando a nivel nacional los norteamericanos viven hasta 78 años. “En salud sufrimos 25 por ciento más cáncer que el promedio de los habitantes, sufrimos más accidentes, y anualmente más de 300 mil campesinos salen envenenados por pesticidas, según cifras oficiales”.
Lo anterior demuestra que “los campesinos se están muriendo para poner comida en la mesa de los norteamericanos y aún con eso no nos respetan como seres humanos. Nos acusan de ser la causa de los problemas económicos y sociales de este país y no se reconoce nuestra labor”, enfatiza el líder social.
Los trabajadores agrícolas son los únicos en la Unión Americana que no cuentan con la protección de la ley. La ley laboral que hoy en día sigue vigente fue hecha en 1935 después de muchos años de conflicto entre los patrones y los sindicatos. Al término del gobierno del presidente Roosevelt se firmó la primera ley laboral de los Estados Unidos conocida como National Labor Relations Act, pero en ese entonces la mayoría de los patrones blancos de Estados Unidos, dueños de ranchos decidieron firmar la legislación con la condición de que se excluyera a los campesinos de ese histórico pacto, explica Ramírez. La razón era que la mayoría de los trabajadores agrícolas eran afro-americanos y desafortunadamente 80 años después de eso, los campesinos no cuentan con protección.
Evitar el abuso
“Nosotros en PCUN no estamos organizando un sindicato de trabajadores agrícolas como los demás porque no contamos con la ley laboral, tenemos que crear un movimiento en donde tengamos un sindicato y a la vez promovemos servicios a los campesinos, como ayuda de inmigración para que puedan arreglar su situación legal, o servicios para defender sus derechos de ganar el salario mínimo. Cuando hay abusos como que los patrones no quieran pagar el sueldo tenemos que demandarlos para que paguen, o para que paguen el salario mínimo, pues ahí también hay muchos abusos”, denunció.
En Oregón el salario mínimo es de $7.95 dólares la hora, pero hay casos en los que se pagan por contrato, es decir por lo que recolectan los trabajadores, y se ha detectado al final que no se les paga el salario mínimo, con relación a las horas de trabajo cumplidas.
Otra de las áreas en las que trabaja Ramón Ramírez es en la promoción de vivienda campesina ya que muchos trabajadores viven en campos donde laboran, bodegas o corrales de pollos, en condiciones poco favorables.
PCUN inició con la asesoría César Chávez, 100 trabajadores que decidieron decir “ya basta” a los abusos e injusticias y empezamos a organizarnos. Hoy en día cuenta con más de 5,500 miembros registrados en el Valle del Willamette. “Somos la organización más grade de latinos en todo el noroeste y hemos tenido mucho éxito en defender los derechos de los inmigrantes. Ganamos el derecho de pagar el salario mínimo, seguro de trabajo, hemos hecho mucho por mejorar las condiciones de trabajo de los campesinos pero todavía nos falta mucho”, reconoce.
Uno de los retos es desarrollar un sistema en el que haya igualdad. “Tenemos que organizarnos. La única forma de lograr justicia en el campo es ganando convenios colectivos que son un acuerdo entre los trabajadores que suscriben sobre las condiciones de trabajo y vivienda de los campesinos. Solamente así. Aunque hay una ley que establece el salario mínimo, todavía los rancheros no lo están respetando. Diariamente lo están violando, por eso bajo un convenio colectivo que es un contrato en donde los mismos trabajadores están capacitados para imponer su propio convenio”.
Actualmente PCUN tiene convenios con rancheros o patrones. “Hemos visto la diferencia con los trabajadores pues están más conscientes y luchan por sus derechos. Hemos podido capacitar a esos trabajadores para que se defiendan en su trabajo y sus derechos. Por primera vez estamos dando una voz a esos trabajadores. Para nosotros eso es un reto muy grande, porque en el estado de Oregón los patrones no quieren reconocer el derecho de los campesinos a organizarse. Los patrones si están organizados, tienen bastante unión, tienen agrupaciones para proteger los derechos de ellos y los campesinos no tienen nada, por eso es importante que empecemos a sindicalizar a los trabajadores agrícolas, pero una de las razones por las que no se permite que se organicen es el racismo. La mayor parte de trabajadores del campo son inmigrantes latinos. Los patrones viven en un mundo de privilegio. Los consumidores tienen que poner un alto a los abusos”.
Adicionalmente PCUN tiene en su agenda conseguir una reforma migratoria porque la gran parte de los trabajadores agrícolas son indocumentados. “Existe mucho miedo incluso los patrones usan ese miedo y a la ‘migra’ como una táctica para atemorizarlos a no organizarse en sindicatos y mantener a los trabajadores divididos. PCUN ha luchado por muchos años por lograr una reforma migratoria”.
PCUN trabaja en coordinación con otros grupos nacionales como sindicatos, la unión de campesinos, los trabajadores de restaurantes y hoteles, el foro nacional de migración, la iglesia católica entre otros, para integrar la Coalición para una amplia reforma migratoria (Coalition for a Comprehensive Immigration Reform, por sus siglas en inglés).
Este año por primera vez PCUN decidió apoyar a un candidato presidencial como fue Barak Obama, debido a que ofrece una opción de verdadero cambio y ha mostrado un genuino interés de impulsar una reforma migratoria. “El está formando un grupo de abogados, activistas y dirigentes en el movimiento pro-migrante para empezar a desarrollar su política sobre una reforma migratoria, cosa que los otros candidatos no están haciendo. Yo lo sé porque tengo amigos que forman parte de su equipo. Yo incluso fui invitado a formar parte de su equipo”, revela el activista.
Pero más allá de una reforma migratoria, PCUN también está realizando cabildeo para lograr la legalización de los campesinos, a través del programa AgJobs. “Hemos llevado a Washington muchos campesinos de la región de Oregón. Siempre estamos llevando delegaciones de campesinos y para nosotros es una forma de concientizar a los campesinos. Imagínate que llegan campesinos que nunca han estado organizados y por primera vez ya son miembros de un sindicato, van a Washington DC, hacen cabildeo, conocen el sistema político. Esto es una gran ayuda para capacitar”.
Son ya 36 años de trabajo constante a favor de los más desprotegidos, lo que le ha hecho merecedor del reconocimientos como el de la Fundación Ford. Además de los 100 mil dólares, Ramón Ramírez ha recibido un entrenamiento que le dio la oportunidad de trabajar con la Universidad de Nueva York en la escuela de liderazgo, pero el reconocimiento también le ha abierto las puertas ante los legisladores, que además de felicitarlo están dispuestos a escuchar y atender sus demandas.
No todo ha sido miel sobre hojuelas para él, ya que cada día está expuesto a amenazas de quienes no aceptan a los inmigrantes y lo ven como una amenaza. “En muchas ocasiones han tratado de sacarme del carril. Me mandan correos electrónicos de odio, y correspondencia con polvo blanco (veneno) a nuestra oficina. Nuestro edificio ha sido pintado con pintura negra. Yo tengo en mi ventana una performación de una bala. Esto es como una guerra”.
No obstante, las amenazas no han parado su labor, ni callarán sus demandas por construir una sociedad basada en el respeto y en la dignidad de la gente. Las llamadas de solicitud de ayuda que recibe todos los días de individuos o familias que han sido víctimas de atropellos a sus derechos más básicos como la libertad, es lo que lo motiva para seguir adelante. “Yo le digo a la comunidad que con estos ataques que reciben los inmigrantes todos los días, nos deben servir para unirnos y provocar que nos organicemos más y crear más unidad entre todos”.
Por último, hizo un especial llamado a la iglesia católica para que juegue un papel más activo en la defensa de los derechos de los trabajadores inmigrantes.