
Un estancamiento político entorpece la reconciliación nacional en Irak y mucho de lo mismo puede decirse acerca de la situación en la capital de nuestra nación.
Varios de nuestros líderes en la formulación de las políticas aparentemente fallan en reconocer suficientemente la realidad y los fracasos en Irak, los cuales requieren de una nueva dirección en busca de la paz que hasta ahora parece una utopía para solucionar el conflicto.
Otros, sin embargo, no reconocen suficientemente las consecuencias que puede acarrear el retiro de las tropas de esta nación en conflicto. Un retiro rápido puede acarrear otras consecuencias. Ambas son formas de negación y ellas contribuyen a la parálisis partidista.
Dios no quiera que los líderes de nuestra nación fallen en buscar la cooperación bipartidista en el problema. La crisis humanitaria en Irak es demasiado grande y la pérdida adicional de vidas humanas en los niveles actuales es intolerable.
Los obispos no tienen ninguna competencia específica acerca de las estrategias políticas, económicas y militares. Tampoco nosotros podemos evaluar tácticas particulares. Pero en nuestro papel de maestros, nosotros compartimos una tradición moral la cual ayuda a informar las escogencias políticas.
Las enseñanzas católicas respecto a la guerra y la paz sugieren algunas preguntas que son fuertes a la hora de plantear fáciles respuestas.
Es claro que nuestra nación ahora debe enfocarse más en la ética de salida, que en la ética de la intervención.
1-¿Cómo podemos minimizar la pérdida adicional de vidas humanas?
2-¿Qué acciones tendrían el beneficio y dejarían a un lado el daño?
3-¿Qué elementos de una transición responsable se pueden lograr y cómo pueden llegar a lograrse?
4-¿Qué acciones deben ser evitadas?
5-¿Cómo pueden los formuladores de políticas tomar en consideración tanto las realidades y reveces en Irak, y las posibles consecuencias humanas de un retiro rápido?
6-¿Cuál es el costo y cuáles son las consecuencias globales de continuar la guerra y la ocupación?
7-¿Cómo puede nuestra nación efectivamente contrarrestar la perversión de religión e ideologías que apoyan el terrorismo, que en todos los casos ameritan una condena?
Construir una paz justa en Irak requerirá mucho más que una acción militar. Hay también una necesidad de esfuerzos amplios políticos, diplomáticos y económicos. Este trabajo empieza en Irak, pero requiere los esfuerzos sostenidos de nuestra nación en colaboración con otras naciones como Siria e Irán, ambas actores importantes en lograr de alguna manera la estabilidad en Irak.
No confundamos ética con religión
Listos o no, ahora nosotros los americanos empezaremos a tomar algunas decisiones acerca de quienes queremos ver como candidatos para los cargos públicos en las elecciones de noviembre del 2008.
Las elecciones nacionales recientes, han sido bastante contenciosas, para decir lo menos. Desafortunadamente los esfuerzos de los obispos católicos de ofrecer algunas reflexiones en las enseñanzas católicas y la vida política, parece que han empeorado las cosas, ante los ojos de muchos. Esto ocurre, por supuesto, cuando las personas confunden ética con religión.
En las próximas elecciones, hay algunas metas políticas que a nosotros los obispos nos gustaría que nuestra gente mantuviera en mente a la luz de los principios éticos.
Si compartimos este propósito es para lograr que los feligreses formen sus conciencias y puedan reflexionar sobre la dimensión moral de su elección. No todos los asuntos son iguales. Ellos tienen diferente peso moral. Pero es importante preguntarles a nuestros candidatos: cómo intentan ayudar a nuestra nación a seguir estas metas:
1-El requisito principal de proteger al más débil que vive entre nosotros, por ejemplo los niños inocentes que están por nacer.
2-Cómo evitar que nuestra nación se convierta en violenta a la hora de tratar hechos fundamentales, incluyendo la violencia del aborto, la eutanasia y el suicidio asistido.
3-Definir la institución central del matrimonio como una relación entre un hombre y una mujer, y dar un mejor apoyo a la vida familiar.
4-Lograr una reforma amplia a la inmigración que asegure nuestras fronteras y trate a todas las personas con respecto y dignidad.
5-Ayudar a las familias y a los niños a vencer la pobreza, particularmente con respecto a asegurar acceso y elección en educación al igual que trabajo decente y salarios justos.
6-Otorgar cubrimiento en cuanto al cuidado de la salud a un número creciente de conciudadanos.
7-Oponerse ante las normas que reflejen prejuicios, hostilidad contra los inmigrantes, intolerancia religiosa y otras formas de discriminación.
8-Trabajar juntos para vencer la pobreza, buscar el bien común y cuidar la creación.
9-Establecer y cumplir con los límites morales en el uso de la fuerza militar.
10-Unirse con otros, en todo el mundo, para buscar la paz, proteger los derechos humanos y la libertad religiosa y avanzar en la justicia económica en cuidado de la creación.
¡Que viva Cristo el Rey!
A medida que nosotros empezamos el año litúrgico y todos los retos que confronta la misión evangelizadora de nuestra iglesia, a nosotros nos haría bien recordar qué es lo que significa ser un verdadero evangelizador en el Reino de Dios. El trabajo de evangelización es el centro del trabajo del Espíritu Santo.
Cuando Jesús envió al Espíritu Santo sobre sus apóstoles ese primer Pentecostés, ellos fueron transformados de creyentes tímidos a testigos fervientes de todo lo que ellos habían experimentado y escuchado en la presencia de Cristo Jesús. Nosotros también recibimos el regalo del Espíritu Santo en los sacramentos del bautismo y la confirmación.
La evangelización pasa en nuestras familias cuando los padres pasan la fe a sus hijos. Pasa en nuestras iglesias cuando a través de la proclamación de la palabra y en la celebración de los actos excepcionales de Jesús. Es evidente con la comunidad cuando nosotros hacemos nuestro trabajo responsablemente, compartimos nuestras bendiciones con nuestros vecinos y cuidamos de los desconocidos, los pobres y los necesitados. . Es simplemente a través de las actividades comunes de nuestra vida católica que nosotros proclamamos las buenas noticias del reino de Dios y nos llamamos a nosotros mismos y a otros a la conversión y a la nueva vida con Cristo.
Una actitud de gratitud
Enseñar a los niños a decir: “gracias a usted”, es una muy importante lección que los padres deben cultivar en sus casas. Yo hago lo mejor por mostrar gratitud por las diferentes formas en que soy bendecido en la vida, pero hay momentos en que he fallado. Nosotros queremos ser agradecidos con Dios por todas las bendiciones en nuestras vidas.
Dios realmente no necesita nuestra gratitud, pero nosotros somos los que necesitamos estar agradecidos. De otra manera vamos a través de la vida con mucho de nuestra agenda personal estando enfocada en “mí”, y “mis necesidades”. Cuando esto pasa, no sólo nosotros somos menos de lo que podemos ser, pero también es la razón por la cual la paz mundial y la justicia económica son tan difíciles de alcanzar para todos los hijos de Dios. Una persona realmente agradecida aprecia todo lo que él o ella ha recibido y por lo tanto abre su corazón a otros. Una persona desagradecida con frecuencia está amargada respecto a la vida, y como consecuencia resiente a otras personas.